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La leche materna no es simplemente nutrición. Es un sistema biológico vivo, moldeado por la dieta, la genética, el entorno y la historia inmunológica de la madre, que instruye activamente el desarrollo del sistema inmune, el microbioma y la salud a corto y largo plazo del bebé. Los factores que determinan la composición de ese sistema, el papel de algunos de sus componentes como las células inmunes maternas en la leche, y las consecuencias de su variación para la salud infantil, siguen siendo poco comprendidos de manera general, y de forma particular en las poblaciones mexicana y latinoamericana.
La cohorte MILPA nace para cerrar esa brecha.
La milpa es uno de los sistemas agrícolas más antiguos y duraderos de la humanidad: la práctica mesoamericana ancestral de cultivar maíz, frijol y calabaza juntos, donde cada especie sostiene y potencia a las demás. Durante milenios, esta filosofía del policultivo ha alimentado a las comunidades mexicanas no por la abundancia de un solo cultivo, sino por la sinergia del conjunto. MILPA toma su nombre de ese principio: que la salud, como la milpa, surge de la interacción dinámica de elementos diversos e interdependientes.
La leche materna encarna la misma lógica. Su poder protector no reside en una sola molécula ni en una sola población celular, sino en la interacción orquestada de oligosacáridos, proteínas inmunes, leucocitos vivos, hormonas y un microbioma residente, todos ellos moldeados por quién es la madre, dónde vive y qué come.
MILPA es una cohorte de nacimiento longitudinal y multicéntrica que abarca múltiples estados de México. Reclutamos a las madres en el tercer trimestre del embarazo y seguimos a las díadas madre-hijo hasta el segundo año de vida del bebé. En cada punto de contacto recolectamos muestras biológicas junto con información detallada sobre dieta, exposiciones ambientales y prácticas de lactancia.
Nuestro objetivo central es mapear los determinantes maternos de la composición inmune de la leche materna, incluyendo sus componentes celulares, solubles y microbianos, y rastrear las consecuencias de esa variación para el desarrollo inmune, el crecimiento y los resultados de salud en la primera infancia.
Nos preguntamos: ¿cómo deja su huella en la leche materna el contexto específico y rico de la vida materna en México, con sus alimentos y su biología particular, y qué puede decirnos esa huella sobre cómo apoyar mejor la salud infantil en esta población?
México ocupa un lugar singular en la salud materna e infantil a nivel mundial. Su población navega una doble carga de exceso nutricional y deficiencia de micronutrimentos, al tiempo que preserva una de las tradiciones alimentarias más bioactivas y culturalmente distintivas del mundo, desde chiles y cacao hasta alimentos fermentados de elaboración regional, cuyos efectos sobre la leche materna apenas han sido explorados. México es también un país de contrastes profundos: comunidades arraigadas en paisajes agrícolas tradicionales y en prácticas alimentarias indígenas coexisten con ciudades en rápida industrialización, con entornos de alimentos ultraprocesados y exposiciones agroquímicas e industriales significativas. Por debajo de todo esto existe un paisaje genómico de diversidad excepcional, forjado por la ascendencia indígena mesoamericana, siglos de mestizaje y la persistencia de comunidades genéticamente diferenciadas, que impide asumir que la biología mexicana refleja a las poblaciones en las que se ha construido la mayor parte de la ciencia nutricional e inmunológica. Estas realidades entrelazadas hacen de México no simplemente un entorno poco estudiado, sino uno científicamente insustituible.